Esta es una carta de amor a un choripan muy especial. Vos sabés quién sos:

No te esperaba en mi vida. Pero creo que encontramos al indicado cuando menos lo esperamos. Es un cliché, ya sé, pero es verdad.

La vida me ha arrojado tantos choripanes. Aquellos primeros choris durante la colorida época de auto-descubrimiento: Choris lujuriosos de calidad cuestionable que devoré en innumerables puestitos afuera de las estaciones de tren a las 3 de la mañana. Evy estaba conmigo. Estábamos todos en la misma. Y no podemos estar todos equivocados, ¿no? Los errores de los veinte y pico, supongo.

No me daba cuenta de que estaba para más. Me divertía. Pero no llegué a ver las señales. Ahora ya se fueron. Una serie de choripanes anónimos, uno después de otro, que se mezclan juntos, como esas noches de armar fernet con coca en botellas cortadas que siempre los acompañaban.

Había un choripan en Córdoba que tenía un toque extranjero. Fue irresistible. Dijo todas lo que quería escuchar. Chimichurri picante. Estaba de vacaciones, después de todo. No le presté atención al hecho de que sacaban dicho chimi de un balde de pintura de 5 litros. Pero después de un viaje de 10 horas en coche con la cabeza en una bolsa de plástico a los vomitazos, juré no volverte a ver por el resto de mi vida. El choripan es basura, me dije a mí mismo, me vuelvo vegano.

Pero los dos sabíamos que era mentira, ¿no? Siempre volvemos.

*se ríe con sabiduría con la cara en un taco*

Yo crecí. Se apilaron los años. Maduré y mis gustos evolucionaron. Me volví un poco más sabio. Empecé terapia. Mi billetera se puso un poco más gorda. Me merezco algo mejor que esto. Sé que sí.

Llevé chori especial a los asados familiares. Fui un héroe. Como creció este pibe, pensaron todos.

Pasé incontables noches en la (ahora infame) iglesia amarilla comiendo sándwiches de chori ahumado artesanal con hongos salteados y trazos de naranja, o chorizos de cordero condimentados con salsa de yogur y hierbabuena. Viajé para comer chori de ñandú y llama. Estaba en la mía. Jugando a varias puntas. Era libre. La estaba pasando bien. Pero me preguntaba, ¿estaba sobrecompensando algo?

Y luego te conocí. Simple. Sin vueltas. Sin juegos. Viniste tal y como eras, naturalmente. Deleitabas con tu sencillez.

No podes saber lo que no sabes, ¿sabes?

Ahora lo sé. No hay vuelta atrás.

Fuiste una cita barata. Sólo $100 pesos. Viniste en un pancito crocante. Un poco grande, pero lo hiciste andar. Estabas vestido casual. Sólo un poco de chimichurri para mantener los pies en la tierra, pero con ese toque ácido para añadir la cantidad justa de excitación. Lo eras todo a la vez: con pecas de hierbas y especias saladas. ¿Es eso un toque de nuez moscada en mi lengua o es sólo el poder del amor? Jugosa como chisme caliente; me quemaste el labio y manchaste los jeans pero no me di ni cuenta. Eras rellenito y denso e hiciste un sonido crocante al primer bocado. Creciste en intensidad y me sentí rodeado por una nube de fuegos artificiales. Mis mejillas se enrojecieron. ¿Estoy en una comedia romántica? ¿Es esto lo que se siente ser un participante de Flavor of Love?

¡Siiiiiiiiiiiiiiiii, bebé!

Todavía no tengo todas las respuestas. Sólo sé que esto se siente bien. Y te agradezco por eso.

*susurra* «siempre te amaré.»

*le da otro bocado al taco*

Chancho Chico

Dirección: Av. Dorrego 1594, colegiales

Horario: de lunes a sábado de 10am a 8pm

Precio por persona: $100 por un Choripan

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