Prove your humanity


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Durante la última década, he sido un ferviente seguidor de la cantautora argentina María Pien. Descubrí su trabajo a principios de la década del 2010, poco después del lanzamiento de su álbum debut, La vuelta manzana (2012). En aquel entonces, me encontraba en la mitad de mis 20s, esa etapa de la vida donde uno se despoja de la ingenuidad juvenil para dar los primeros pasos auténticos hacia la adultez. Con el tiempo, ella se convirtió en la artista a la que más veces he visto en concierto.

El hecho de que su música llegara a mi vida en ese periodo crucial, sumado a que somos de más o menos la misma edad, ha significado que ser testigo de su crecimiento artístico a lo largo de los años haya sido como un espejo de mi propio desarrollo humano. He podido relacionar logros, lecciones difíciles y hasta tragedias personales con lanzamientos, canciones y hasta líneas específicas de su repertorio. A medida que avanzo en la vida, este entrelazado relato continúa desplegándose de formas cada vez más matizadas. Cada nuevo álbum de María Pien parece surgir justo cuando sus temas resuenan con mis preocupaciones o desafíos actuales, como si su obra actuara como un espejo sonoro de mi evolución personal.

Y como ocurre con cualquier registro de una época pasada, cuanto más nos alejamos de ese punto de partida – los simpáticos acordes indie-folk de La vuelta manzana – más extraño resulta pensar que alguna vez fuimos esas personas.

Indudablemente, el álbum más reciente de María Pien, el recién lanzado Recordar / Volver a pasar, muestra un sonido y una estética prácticamente irreconocibles en comparación con su debut. Es un disco intenso, cargado de dolor y emociones complejas, rebosante de sentimiento puro y sincero. Es hermoso y complejo, tanto en sus composiciones como en las ideas que explora.

Photo by Josefina Chevalier

Recordar / Volver a pasar es un álbum inspirado en gran medida por el fallecimiento del padre de María y su proceso respecto a esa relación. No es simplemente un tributo a un fallecido, sino un reconocimiento de las múltiples facetas y complejidades de su vínculo. Se adentra en las emociones que rodean la pérdida, no solo como una elegía, sino como un complejo tapiz de sentimientos que abarcan amor, arrepentimiento, perdón y la intrincada danza de la conexión humana. Es un testimonio de la odisea emocional que implica reconciliar el pasado, un viaje tan intensamente personal como notablemente universal.

Como se demuestra en el hermoso arte de tapa de Emilia Molina, el disco es un torbellino de emociones. Es honesto y personal, sin temor a ser extraño, difícil o discordante. Es texturizado y matizado, experimentando con sonidos y medios encontrados de una manera que parece haber estado preparando en sus lanzamientos más recientes. Es la experiencia auditiva más gratificante en su discografía.

Recordar/Volver a pasar es el primer álbum completo de material original de María Pien desde Malinalli de 2014, pero nadie podría decir que ha estado reposando. Desde entonces, ha lanzado una serie de fascinantes obras: el EP Tres poemas de 2017 (una pieza conceptual compleja y decididamente progresiva que incluye poesía hablada, estructuras laberínticas e influencias post-rock); el álbum Afuera el sol estalla de 2018 (una hermosa y rica colección de canciones escritas por sus colegas en la escena musical); el álbum Viaje al centro de la selva eléctrica de 2019 de su banda Ruiseñora (una excursión psicodélica llena de temones indie-rock); y el EP Una película de 2020 (una experiencia cinematográfica apropiadamente centrada en su asombroso tema principal). Todo esto además de su trabajo actuando con las bandas GULI y Melanie Williams & El Cabloide, así como de su labor como productora para artistas como Emilia Molina, Bela Zugasti y Jaz Pimentel.

María estará tocando con una banda completa este jueves 31 de agosto en el Centro Cultural Konex, interpretando canciones de Recordar / Volver a pasar y de toda su carrera. Puedes encontrar entradas aquí. Recientemente hablé con María sobre la creación de este álbum, así como sobre la trayectoria de su carrera y lo que le espera el futuro.

Nota: la siguiente entrevista ha sido condensada y editada para mayor claridad.

¿Qué vienes escuchando estos días? 

Estuve escuchando dos discos de Pauline Oliveros. Es una investigadora del sonido, de los paisajes sonoros, y de la escucha. Tiene un libro que es como una referencia para las personas que nos interesa el tema del sonido desde un lugar más sensible y experimental también. Y tiene un disco que se llama Deep Listening, donde hay un instrumento frotado y otro instrumento de viento, y están como en un tanque cisterna. Y no sé bien a cuánta profundidad, pero como si te dijera 20 metros de profundidad en un tanque cisterna, y se metieron ahí a grabar. Y es una flasheada muy emotiva. La música está construida de una manera muy poco tonal en ese sentido, como que aparecen por momentos algunas tensiones que son reconocibles desde lo tonal. Pero es mucho más desde lo emotivo y desde la presencia del momento y lo que fue pintando.

Y después ella tiene otros discos, y uno que estuve escuchando también es Acordeón y Voz, una improvisación grabada de acordeón y voz. Es bastante meditativa esa música. Y después estuve escuchando, no escuché el disco entero todavía, pero tengo ahí como un pendiente, el disco nuevo de misi. Me encanta todo lo que hace Misi, las diferentes maneras de abordar la sensibilidad que tiene. Me encanta.

Yo no la tenía presente a Misi. No conocía su trabajo, pero hace poco creo que Elefante en la Habitación en Instagram compartió el disco y me puse a escucharlo. Me gustó mucho. En particular el tema “Cinturón”, lo elegimos como uno de los temas favoritos del mes.

Volviendo un poco a los otros discos que estabas escuchando estos experimentales que mencionas, siento que ese interés en el lado más experimental de lo sonoro está apareciendo más y más en tu música. Cuéntame un poco como es tu relación con eso.

Tiene que ver con la sensibilidad auditiva, que es algo que siempre tuve desde muy pequeña. Recuerdo reaccionar muy intensamente, tanto como con mucha alegría y algarabía de baile a las músicas que me gustaban, y ser muy expresiva respecto del estímulo sonoro, y también angustiarme mucho cuando algunos sonidos me daban miedo. Es uno de mis recuerdos así más antiguos de, por ejemplo, el sonido de la aspiradora o el sonido del nebulizador, que son dos sonidos muy ruidosos, feos. Los recuerdo como momentos de miedo, así, muy profundo. Entonces entiendo mucho a los animalitos cuando llueve fuerte y las tormentas, ¿viste? Los asustan.

Y bueno, convivo con eso. Me chocan mucho los gritos, las expresiones violentas, me cuestan mucho. Lo mismo con los ruidos muy fuertes maquinales. Ni hablar si algún vecino pone la música muy al palo. Así que lo que lo que me interesa es la parte emotiva del sonido, justamente como puede provocar angustia o puede provocar miedo. También como puede provocar placer o como puede provocar una sensación de descanso o de suavidad. Como desde lo sensorial podemos ayudar a estabilizar o desestabilizar nuestro sistema nervioso. Es un poco por ahí que va la motivación de la búsqueda.

Surge de eso de que a mí me pasa que me estabiliza o me desestabiliza. Entonces como yo lo vivo así, me interesa también aportar, con mi música… O sea, por ejemplo, me encanta el ASMR. Consumo en YouTube ASMR porque me relaja muchísimo también. O los sonidos como la música de sanación, por ejemplo. Si no hay letra y es solo cuencos, entregarse a ese flash es maravilloso. Incluso se puede hacer con un piano. Tirarse abajo de un piano, si es un piano de media cola. Es una experiencia que recomiendo si algún momento lo puedes hacer, que alguien toque y uno tirarse abajo y recibir la vibración. Esa es una cosa de locos.

Nunca se me habría ocurrido.

Es hermoso. O sea, tiene que tocar a alguien con mucho cariño. Para vos que estás tirado ahí abajo. De nuevo, esto de la intención y de la forma de llevarlo a cabo. La vibración tiene un poder de estabilizar el sistema nervioso y de ayudar. ¿No? Como en los procesos curativos. Y bueno, quizás con este disco el intento fue poder transmitir algo de esa búsqueda curativa a través de a través de momentos de sonido y también quizás en algunos momentos, de ese conflicto interno. Con algunos de los temas, no sé si es todo re amable lo que suena.

Hablando un poco sobre tu discografía en general. La vuelta manzana y Malinalli son discos que queremos mucho, pero siento que son discos bastante limpios musicalmente, sonoramente. Y de repente con algo como Tres poemas, siento que hay un quiebre, y de ahí en adelante tu música es mucho más textural y tiene más sonidos encontrados. Y hay otra onda, como que algo cambió ahí. ¿Cómo pasó eso?

Yo creo que el principal cambio entre esos dos primeros discos y el resto de los que vinieron después es que yo tuve más participación en la producción. O sea, si bien yo pude desde mi… en el caso de La vuelta manzana, total inexperiencia, pude ser escuchada y respetada por quien me produjo que fue Diego Rolón, que fue un gran maestro para mí, no solo de guitarra sino de cómo se hace un disco. Un poco solíamos decir que La vuelta manzana era como una escuela del disco. Cuando empezamos a grabar yyo no sabía lo que era un clic. Entonces me fui interiorizando en eso. Y que además realmente tiene muchos caminos posibles, porque no hay una sola manera de hacer discos, hay muchas opciones. Me di cuenta de que me fascinaba eso y de que, bueno, tenía mucho, mucho por aprender. Y también sigo teniendo muchísimo por aprender, porque yo además soy una atrevida en lo que a los arreglos y a la producción musical se refiere. O sea, no tengo estudios formales de ingeniería de sonido. He aprendido observando y escuchando.

Entonces esas primeras dos experiencias, tanto La vuelta manzana como Malinalli, fueron diferentes entre sí, con diferente equipo. Pero después pude tener más comando de lo que estaba pasando. Y también creo que la otra diferencia es que mis intereses estéticos, se fueron abriendo, Se fueron ampliando. No me sentí cómoda con esos primeros discos, con algo de la recepción que parecía querer encasillarme en un lugar fácil para una chica que hace canciones con la guitarra, en el que siempre se hablaba de mi voz y de lo “dulce” y de lo “lindo” y de lo “bonito”. Y nunca me sentí cómoda con eso. Siempre me sentí más bien incómoda con eso, porque mi mundo emocional interno jamás fue solo bonito. 

Entonces yo necesité que mi música empezara a poder traslucir una una gama mayor de colores emocionales. Me parece medio falso en cierto sentido, querer ir solo hacia lo lindo. O sea, a mí no me representa. Para cada persona será una búsqueda diferente. Yo creo que tiene que ver también con el paso del tiempo y la maduración de las ideas estéticas y de las búsquedas artísticas. Dato no menor en el medio también fue la muerte de mi papá. O sea, como que entré mucho en contacto con mi propia sombra, pero de una manera muy cruda, mucho más dura que antes en ese momento, por muchas cosas que pasaron. Mi viejo murió en el verano de 2016 y Tres poemas es de 2017. Entonces yo creo que es un poco una confluencia de todos estos factores.

“Un minuto” es un tema que escuché en vivo hace mucho tiempo. ¿Cómo fue la selección de estos temas? Porque sé que hay otros que no entraron. ¿Hace cuánto vienes trabajando Recordar / Volver a Pasar? ¿Cómo se fue dando?

Este disco ha tenido un proceso largo. La semilla es ese momento del verano de fines de 2015. Mi papá queda internado el 10 de diciembre, el día de la asunción de Mauricio Macri. Un día nefasto, nefasto. Yo estaba en Córdoba, muy preocupada por las noticias de todo tipo que me llegaban de mi papá quedando internado y mi mamá diciéndome “tranqui, termina tu gira, no te apures, volvé el día que tenías planificado” que era creo que alrededor del 15. O sea, volví unos días más tarde.

Mi papá murió el 21 de enero, o sea que fue re cortito el proceso de acompañar porque tenía un cáncer muy avanzado, en una metástasis muy avanzada, al punto de que no se pudo llegar a localizar en qué órgano propiamente arrancaba ese cáncer. Y no sabíamos que tenía cáncer hasta unos días después de que quedó internado y le empezaron a hacer estudios. O sea que fue realmente muy sorpresivo y veloz. Así que todo ese proceso y yo lo fui registrando como pude. Porque sentía que era importante hacer algún tipo de registro en textos, en cuadernitos.

Yo tenía este pequeño cuadernito que lo llevaba encima en ese momento y acá hay muchos textos que algunos los usé para canciones y otros no, sobre sobre lo que se me iba cruzando. Por simple necesidad catártica, digamos. Otra cosa que hice durante ese verano fue hacer un taller de retratos de fotografía con Lula Bauer. Y de ahí sale un autorretrato que para mí es como bastante fuerte lo que se transmite de lo que me estaba pasando en ese retrato, y la intención de hacer ese taller fue que yo quería retratar a mi papá en el hospital. No pude, no lo logré. Fue demasiado. O sea, no podía mientras estaba ahí hacer otra cosa que charlar con él. Tuve charlas espectaculares, Yo solía tocar bastante, Tenía una guitarrita que me prestaron, que era muy chiquita y entonces entraba en el placard. Y me pasaba ahí las tardes y a veces noches.

Tuve la conciencia en ese momento de que tenía que estar, de que no podía no estar, de que además todos mis hermanos tienen hijes. Yo soy la única que no, entonces fue como bueno, yo soy la que está más disponible porque se dio así. Y estaba mucho mi mamá también y bueno, un poco era como aliviar la presencia de mi mamá.

Comparto todo esto porque realmente creo que conforma la base. Lo que nutrió el proceso creativo. Ahora bien, yo empecé a hacer esas canciones en base a esos textos. Algunas canciones, como “Un minuto,” salieron un minuto. Es de esas bendecidas canciones que salió sola, completa, entera, letra, música, todo junto. Pero me tomó un montón de tiempo no llorar mientras las tocaba. O sea que no me toque la fibra que me había tocado al escribirla en el momento de cantarla. Eso fue lo más difícil.

Por eso fue que decidí dejarlas macerando en aceite y dejarlas esperando su momento, esperando para que un poco empezara a cicatrizar todo eso que se movió. Porque después de que mi viejo murió todo el proceso de vaciar su departamento y encontrarme con sus objetos y encontrarme con quien él fue y con cosas que no sabía. Y ya no tener la posibilidad de hablar con él respecto de esas cosas. Y yo no tuve una relación idílica con mi papá. Tuve una relación conflictiva que quise que también se trasluciera. No quise que fuera hacer un monumento de mi papá y que quede ahí, eternizado en una estatua del padre maravilloso — que lo fue, pero tuve una relación conflictiva también con él, sobre todo en la adolescencia. Mostrar las contradicciones emocionales. ¿No? Como aprender que quieres mucho a una persona que a la misma vez también quizás rechazas en otros aspectos, y a la misma vez entender que ese rechazo tiene que ver con cosas que vos mismo tenés o que vos mismo repetís porque sos una astilla del mismo palo.

Entonces, tuve que reencontrarme con la presencia de mi papá en mi vida una vez que ya no estaba presente de cuerpo. Yo seguí haciendo otras cosas. Hice dos discos. Un EP y un disco en el que las letras no eran mías casi. Y me di cuenta de que claro, en esos discos tiene sentido que yo sintiera que no podía usar mis propias palabras. Porque me quedé sin palabras. O sea, no, no podía decir lo que tenía para decir. Todavía no. No podía. Realmente no podía.

Entonces hacer, por ejemplo, Afuera el sol estalla fue una especie de recreo. Fue un proyecto mucho más liviano y feliz en el que la dedicación fue a versionar y a tomar prestadas palabras de otras personas en las que algo de las temáticas igual aparecen. Porque está el tema de Niké, “Agradezco”, en el que la canción forma parte de un disco que influenció muchísimo a Recordar / Volver a Pasar. El disco de Niké se llama Estábamos tan tristes que no podíamos cantar y lo grabó a partir de la muerte de su mamá. Y en la canción decía, “agradezco y recuerdo a mi mamá.” Y yo dije, “agradezco y recuerdo a mi papá.” Y habla de las montañas. Entonces siento que ahí como que hay las temáticas de las canciones que elegí tienen todo que ver con después las temáticas que yo estaba necesitando abordar en mis propias canciones, pero yo no encontraba todavía las palabras. O no encontraba todavía la fuerza para que en esas propias palabras no me quebrara.

Hubo otros discos y proyectos, como el de Ruiseñora, que fue más ligero y divertido. mucho más divertido, liviano y recreativo. Y llegó un momento en el que me di cuenta de que ya no podía esperar más para hacerme cargo de todo esto que me había pasado y de todos estos impulsos que habían surgido a partir de la muerte de mi papá y tomé la decisión de compartirlos. Así como el disco de Niké, otro disco que también fue muy importante como un soporte emocional a lo largo del proceso que fue el disco Carrie & Lowell de Sufjan Stevens. Un poco con la intención de hacer un aporte similar al de esos discos al tema de cómo llevamos la muerte y la posterior nueva manera de hacerse presente

Ya me sentía más cicatrizada, más fuerte. Ya estas palabras que escribí en ese momento las puedo ordenar con una coherencia, con un hilo conductor, y creo que puede ser un aporte en ese mismo sentido que estos discos que a mí me hicieron tan bien y que me y que fueron para mí como una especie de lugar seguro para llorar o para encontrarme con las contradicciones de los diferentes estados emocionales de eso. Emociones de todos los colores y de los todos los tipos. Decir bueno, tal vez esto que yo comparto también puede servir a otras personas con esa misma intención o esa misma forma que a mí me sirvieron estos discos. Bueno, yo ahora hago mi aporte, mi devolución, haciendo lo propio y compartiéndolo para quien le sirva, para quien le nutra o le sirva como, como espacio seguro, como un lugar donde vas a ser entendido, en la contradicción de lo que estás sintiendo y en el quilombo de lo que estás sintiendo.

El resultado final es maravilloso. Como te he dicho varias veces, el disco es una auténtica belleza y transmite un desahogo emocional que tal vez no entendía en su totalidad, pero se percibe en las canciones. Volviendo un poco a Afuera el sol estalla, ¿qué lección aprendiste o qué obtuviste al cantar canciones de otros durante todo ese período?

Aprendí muchísimo. La interpretación para mí es una tarea sumamente creativa. A mí me interesa la versión desde ese lugar en el que en el que tomo decisiones, y el aprendizaje o la nutrición de Afuera el Sol Estalla fue inmensa. Pude fortalecerme en la confianza de aquello que a mí me conmovía y que yo estaba sintiendo muy profundamente también, por el simple hecho de que a mí me conmueve, le iba a llegar a otras personas. Pude confirmar que ese camino de seguir por el lugar de lo que a mí me llamaba o que a mí me conmovía tenía sentido. Y después el aprendizaje en las palabras de otras personas es inmenso. Yo siempre destaco un montón la influencia, lo fundamental de escuchar, en todo sentido. Escuchar la historia de la música y tratar de abrir nuestros horizontes, nuestras perspectivas en la escucha de lo que podamos, incluyendo aquellos géneros o estilos musicales que no necesariamente nos convoquen a priori. Pero tratar de desprejuiciarse y buscar ahí, encontrar lo genuino que pueda haber en muchas expresiones.

Y lo mismo con escuchar a los colegas. Para mí fue súper nutritivo también en lo vincular con esas personas. Y desde la parte interpretativa, descubrí que era algo que me gusta mucho. Para mí hay un valor en esta parte como creativa de hacer versiones, de interpretar. Justamente en la etimología de la interpretación o el significado, ¿no? Si pensamos en cuál es el rol clásico de un intérprete. El intérprete, que es la persona que está escuchando y traduce en tiempo real, no es una traducción. Me gusta mucho agarrarme ahí de ese sentido, porque es la traducción que yo hago de esto que recibo y que por alguna razón me llega, me conmueve o me provoca algo. Y entonces, bueno, ¿cómo lo puedo traducir? Ese fue un aprendizaje muy grande para mí.

El disco de Ruiseñora también nos encantó. El año pasado lanzaron “Tanta data”, una canción asombrosa. ¿Ruiseñora sigue en actividad o planean retomarlo?

Ahora mismo está macerando en aceite. Creo que siempre puede reaparecer. O sea, Ruiseñora es un grupo de amigas principalmente, más que una banda. Y eso lo hemos dicho varias veces, es principalmente un experimento de amistad y música. Y dentro de ese experimento siempre está latente la posibilidad. Pero en este momento no está sucediendo, pero la amistad es lo más importante en ese grupo. Y la amistad es, en este caso con estas personas, yo creo que es lo más valioso, lo más fuerte y como sigue, sigue vigente. Creo que es más una cuestión de tiempos, del encuentro, de la sincronicidad de los tiempos y que si en algún momento se nos da la sincronicidad de los tiempos para que vuelva a estar activa.

Supongo que en algún momento, tal vez de este año, va a salir un tema de esa misma sesión de “Tanta data”, que hay dos más que no salieron, pero estamos esperando porque ese tema fue elegido para un compilado. En este momento cada una está en distintos proyectos y no estamos poniendo el foco ahí y eso se fue dando naturalmente. Entonces, como la amistad es lo más importante, no queremos forzarlo tampoco, ¿viste?

Sé que recientemente has realizado algunos shows. ¿Cómo ha sido interpretar las canciones y revivir esos momentos en vivo? ¿Y cuáles son tus planes para futuros conciertos? ¿Habrá más presentaciones?

Se viene. Se viene una banda. Voy a volver a tocar con banda, después de como cuatro o cinco años. Está siendo muy emotivo tocar las canciones de Recordar. Realmente me conmueve y agradezco mucho la cercanía y la intimidad que promueve. Yo creo que el hecho de que yo haya compartido, o de que el disco sea tan documental y tenga todo este aspecto documental, abre a que no sea solamente mi historia lo que emociona. Abre a que a que las personas también encuentren muchos puntos de resonancia con sus historias y en muchos casos me los compartan y se acerquen y me cuenten. Y aunque a veces no me cuenten, tan solo me den un abrazo o me digan “gracias” o “lloremos”, es como pasa algo muy, muy emotivo en el vivo y yo trato de estar lo más dispuesta que puedo a ser la facilitadora de eso. Y bueno, ahora voy a hacer el experimento.

Me parece que un formato ideal, por la cercanía que promueve, es esto de tocar las canciones sola o en un formato reducido, en una casa o en un contexto más íntimo, porque también eso facilita la apertura en la escuch. Y a veces cuando el lugar está con los condimentos de una sala en vivo, que a veces son medio destruyentes los ruidos, la gente que por ahí está ahí laburando y no está en la misma que uno por obvias razones, porque está haciendo su laburo y bueno, está en la en la barra, cumpliendo con su laburo, capaz que algunas músicas no necesariamente les beneficia, ¿no? Por todos esos elementos distrayentes, el contexto de una casa siento que para este disco es ideal.

Ya el año pasado, toqué varias de estas canciones en un formato dúo con Juan Pérez, el bandoneonista que también tocó en el disco. Él ha sido un aliado musical valioso. Ese bandoneón que yo apenas dirigí con los relatos estos que te conté y con relatos más específicos de cada canción, no como de qué la iba un poco más cada canción y con algunas pautas melódicas, pero sobre todo buscando que el bandoneón sea un personaje en sí mismo. Como si fuese una especie de escena teatral. La selección de timbres que iban a aparecer. Y siendo que mi infancia, yo habiendo nacido en Almagro y habiendo vivido toda mi infancia y adolescencia hasta los 21 años en Almagro. Y los colores del tango, los colores porteños me atraviesan de una manera muy especial. Hay una frase que mi vieja solía decirme cuando era chica y por ahí todavía no había, no estaba tan abierta y desprejuiciada mi escucha, ¿no? Y viste que también cuando uno es adolescente cree que lo que escucha es lo mejor del mundo y es más cerrado. Y mi vieja siempre solía decirme “el tango espera.”


Escucha Recordar / Volver a pasar en Bandcamp.

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