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Traducido al español por Julián Alejo Sosa.

Dejame empezar por aclarar que nunca tomé cocaína en mi vida. Sí, estuve cerca de hacerlo, pero eso fue todo. En serio.

Seguramente te estés preguntando, “¿Y eso qué tiene que ver?”. Se supone que este es un artículo sobre música, un vistazo a la obra de artistas que nosotrxs, como argentinxs, amamos y respetamos desde nuestra infancia; un intento de explicar, en pocas palabras, por qué estamos obsesionados con esta gente. Aunque claro, no deja de ser una tarea inútil que parece estar destinada a fracasar desde el principio. Una fantasía, si se quiere.

Entonces, ¿por qué carajos estoy hablando de merca? Bueno, aparentemente ninguna banda en toda la historia del rock argentino hizo tantas alusiones al polvo blanco en sus letras como Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. De hecho, lamentablemente son bastantes conocidos por eso. “Semen up”, “Ji Ji Ji”, “El Rock de los Dientes”, y la lista sigue y sigue.

De todas formas, no creo que haga falta aclarar que Los Redondos son mucho más que las referencias ocasionales a la cocaína: son, hasta el día de hoy, la banda independiente más exitosa en nuestra historia musical reciente y una de los fenómenos culturales más interesantes del rock nacional, tanto que sus seguidorxs llaman “misas” a sus recitales. Por lo que sé, la única banda extranjera que generó tanta devoción entre sus seguidorxs fue The Grateful Dead.

Un poco de historia

Eduardo “Skay” Beilinson y Carlos “Indio” Solari (Crédito: Andy Cherniavsky)

Nacida de las cenizas del colectivo de música hippie La Cofradía de la Flor Solar, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota vio su origen en La Plata en 1976 de la mano de Carlos “Indio” Solari y el guitarrista Eduardo “Skay” Beilinson. Casi una década más tarde, el grupo causó sensación en la escena under con su álbum debut Gulp! (1985), pero fue su segundo disco post-punk Oktubre (1986) el que los eternizó. Desde ese momento, Los Redondos se convirtieron en una banda de estadio con todas las letras (y una muy muy buena) impulsada por los riffs épicos de Beilinson y las letras crípticas e introspectivas de Solari. No hubo nada que no hicieran a lo largo de sus varias décadas de actividad: álbumes llenos de hits (La Mosca y la Sopa de 1991), discos conceptuales dobles (Lobo Suelto, Cordero Atado de 1993), e incluso una obra que coqueteaba con la música electrónica (Momo Sampler de 2000) antes de su separación en 2001.

Bueno, ahora que nos sacamos eso de encima, pasemos a la música.

“La Bestia Pop” | Gulp! (1985)

Mucho antes de alcanzar la categoría de dioses en el panteón del rock argentino, Los Redondos eran una banda independiente pequeña de La Plata vinculada a la escena teatral local. En sus primeros shows se presentaban a la par de una compañía de circo, pero a medida que fueron creciendo como banda, lentamente se fueron deshaciendo de esos elementos adyacentes y adoptaron una dinámica más clásica de banda de rock. Esta decisión dio sus frutos cuando, ocho años más tarde de la creación de la banda, lanzaron su disco debut Gulp!, el cual fue aclamado tanto por la crítica como por el público.

Este primer atisbo de fama inspiró el clásico ubicuo “La Bestia Pop”, una canción pop rock sobre los peligros de la fama y el consumo de sustancias. Estéticamente, el álbum suena a un bar porteño medio vacío a las 4 de la mañana: artistas que no la pegan, fisuras y algún saxofonista espectral que toca a lo lejos mientras lxs habitués juegan al pool o cagan a palos a la rocola.

“Ji Ji Ji” | Oktubre (1986)

Si Gulp! suena a antro, Oktubre es una pesadilla paranoica que transcurre en algún lugar distante al otro lado de la Cortina de Hierro durante la Guerra Fría. Con influencias que desbordan post punk y new wave, Oktubre es el sonido de una banda en el mejor momento de su carrera. En la grabación participaron Daniel Melero en los sintetizadores y el ya fallecido Willy Crook en el saxo. Al igual que con cualquier lanzamiento de su catálogo, el arte de tapa icónico inspirado en la era soviética estuvo a cargo de Rocambole Cohen.

Quizás su canción más emblemática, “Ji Ji Ji”, sea una reflexión enigmática sobre… sí, adivinaste: el abuso de drogas. Apodada por sus seguidorxs con amor como “el pogo más grande del mundo”, la canción tiene una atmósfera ominosa que llega a su punto de máximo esplendor en el estribillo épico, un claro anticipo de lo que sería el futuro de la banda.

“Todo un Palo” | Un Baión para el Ojo Idiota (1988)

Un Baión para el Ojo Idiota marcó un punto de inflexión para la banda. Se podría decir que fue el álbum con el que Los Redondos se convirtieron en Los Redondos. Al cambiar su lado más artístico por un rock de estadio más directo y contundente, ampliaron considerablemente su base de seguidorxs (ya de por sí en continuo crecimiento) y nos regalaron un disco lleno de canciones memorables: “Masacre en el Puticlub”, “Todo Preso es Político”, “Vencedores Vencidos”, “Vamos las Bandas” y, mi favorita, “Todo un Palo”.

Con una introducción instrumental larga, “Todo un Palo” pone a nuestra disposición algunos de los arreglos más hermosos de Beilinson, una clara alusión al mejor momento de Television.

“Queso Ruso” | La Mosca y la Sopa (1991)

Si Un Baión para el Ojo Idiota fue la antesala de lo que se convertiría Los Redondos, La Mosca y la Sopa fue la confirmación de su éxito masivo. La mayoría de las canciones de este álbum tuvieron gran repercusión en la radio, como por ejemplo “Mi Perro Dinamita” con sus tintes rockabilly y la empalagosa “Un Poco de Amor Francés”.

En “Queso Ruso”, la última canción del disco, Solari critica la intervención de los Estados Unidos en la Guerra del Golfo, utilizando una lírica rebuscada que se desenvuelve sobre una de las bases más funk del repertorio de la banda.

“La Murga de la Virgencita” | Momo Sampler (2000)

Los ricoteros más acérrimos seguro me van a querer quemar por hereje, pero no creo que el álbum doble Lobo Suelto, Cordero Atado (1993) y Luzbelito (1996), a excepción de algunas canciones, sean tan memorables. En su lugar, prefiero adelantarme hasta Último Bondi a Finesterre (1998), momento en que la banda había empezado a tocar con sintetizadores y samplers. Algunos podrán decir que se sumaron bastante tarde a la movida, pero me parece algo muy llamativo y acertado para un grupo que siempre hizo las cosas a su tiempo.

Los Redondos se adentraron en este mundo con su décimo y último disco Momo Sampler (2000), en el que podría considerarse un álbum conceptual sobre el carnaval norteño y la murga. Acá la banda nos deleitó con un trabajo más oscuro y refinado en el que combinaron samples, música electrónica y todo tipo de texturas, con alguna de sus canciones más fuertes.

“La Murga de la Virgencita” es, en mi humilde opinión, una de las canciones más exquisitas de su discografía. Una historia devastadora sobre una trabajadora sexual joven que construyen sobre una base de baterías programadas y arreglos de cuerdas envolventes que le suman mucho a la atmósfera opresiva de la obra.

Bueno, eso es todo. Al menos, por ahora. Si tienen ganas de bardearme, pueden hacerlo por mail a [email protected]. ¡Les mando un beso!

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