To read the English version of this article, click here.

Querido Papá Noel:

¿Cómo estás? Hace mil años que no te escribo. Como que entre la tecnología avanzando, mi visita anual para sacarme la foto y el hecho de que en verdad no existís, perdí la costumbre de la cartita.

Pero aquí estoy. Escribiéndote. Siento que este año lo amerita. Fue un año muy raro. Así que yo también voy a hacer algo raro y escribir. 

Antes que nada, quería agradecerte a vos y a todos los otros seres mágicos, que se ve que este año estuvieron de mi lado. La verdad no puedo quejarme. Este año fue globalmente una verga y aún así yo salí bastante bien parada. Claramente el 2020 apestó, pero no le llegó ni a los talones a mi 2007. “Lo que no te mata, te hace más fuerte” dijo alguien y todos nos dedicamos a repetirlo como unos giles. Cuando, en verdad, lo que dijo Nietzsche fue: “Lo que no te mata te hiere de gravedad y te deja tan apaleado, que luego aceptas cualquier tipo de maltrato y te dices a tí mismo que eso te fortalece.” Esperemos no haber quedado tan apaleados. No sea cosa que terminemos aceptando cualquier cosa y creyéndonos más fuertes.

¿Sabías que este hubiera sido mi décimo año consecutivo yendo a sacarme una foto con vos? Todavía no estoy segura de cómo empezó esta tradición autoimpuesta. Porque buscando entre mis fotos de niña no encontré ni una sola foto nuestra. Sí me acuerdo que, siendo una mini mini Magu, mi abuela me llevaba a verte. Mi padres trabajaban, entonces mi abuela Juanita era la encargada de la magia navideña. Nos tomábamos un colectivo e íbamos a Harrods en microcentro, que para mí era como ir a Mar del Plata. Llegábamos a Harrods, que ya en ese entonces estaba súper fundido y medio abandonado, e íbamos hasta el último piso donde siempre estabas vos.

El tema es que yo era (soy y seré) muy bajita, y siempre me hacían ir adelante de todo en la fila. Eso implicaba soltar la mano de mi abuela e ir sola. Para mí los de Harrods se fundieron por tener mal karma. Porque, por alguna razón que nunca comprenderé, siempre armaban unos laberintos aterradores que debían ser cruzados para llegar a vos. Entonces yo me aguantaba el miedo y me hacía la valiente. Porque decir que tenía miedo implicaba que tal vez no me llevaran más a verte… bueno, se ve que lo que no me mató me hizo más fuerte AHRE

Creo que de ese recuerdo que tengo de ir a Harrods es que nació mi posterior fascinación con la Navidad y esa necesidad de ir a verte cada año. Porque la verdad es que yo supe tu verdad de bastante chica. Lo bueno es que mi madre le encontró una vuelta genial, que es la que me permite aún hoy seguir “creyendo” en vos. Mi mamá me dijo “No es que Papá Noel no exista. Papá Noel es una ilusión. Entonces va a existir siempre que vos quieras” Así que acá estoy, con 33 años abriéndote mi corazón. 

Hace 10 años. Todos los diciembres me formo en fila pacientemente para verte. Ahí, camuflada entre los niños estoy yo. Ante la mirada incrédula de los padres, que no entienden qué hace una persona adulta y libre de hijos ahí, perdiendo el tiempo. Porque a veces la fila para verte es más desafiante que la vez que tuve que comprar entradas para Madonna. Igual no me quejo, porque la fila para verte, lejos de mis experiencias de niña, ahora es de mis partes favoritas. Me gusta charlar con los otros niños, porque yo ahí soy una más. 

Charlamos sobre que te vamos a pedir. Algunos me cuentan que tienen un poco de miedo y yo les digo que no pasa nada, que sos un copado. A veces las madres me cuentan secretos, como cuando me dijeron que el mejor de los tuyos es el que está en el Shopping DOT. O me piden con gestos cómplices que las ayude a bajar las expectativas regalísticas de sus niñxs. Yo en la fila soy como una agente secreta infiltrada, que juega para el bando de la magia.  Creo que el único cambio que he notado en todo este tiempo es que de un tiempo para acá tuve que empezar a llevar mi propio gorro navideño. Vos podrás ser o no real, pero la epidemia de piojos te juro que existe. Me lo confirmaron unas duendas hace unos años.

Cuando llega mi turno, el corazón me late fuerte como cuando era chiquita. Me acerco, te saludo y charlamos un toque. Vos sabés, que yo sé, que vos sabés, que yo sé. Pero los dos estamos ahí por nuestra ilusión y por la de les chiques que están ahí mirando. Hubo ocasiones en las que no había tanta gente cerca y logré que nos sacaramos fotos más graciosas. Pero creo que es importante que nos portemos bien cuando nos juntamos, porque no queremos dar un mal ejemplo. Aun así voy a atesorar por siempre nuestra foto haciendo cuernitos y sacando la lengua. Hablando de mal ejemplo, hace unos años vi a una señora correr y saltar en tu regazo. Me pareció un poco fuerte. Digo sos Papá Noel, no estás hecho de palo. ¿Cómo seguiste después de eso? Mirá que yo he ido con todas mis amigas a verte y nunca nos hubiéramos atrevido a tanto. Una desfachatada esa señora. 

La verdad Papá Noel te admiro y te quiero mucho. Hace un par de años vi un documental. “Todo el Año es Navidad” de Néstor Frenkel (actualmente solo está disponible en Qubit). En el documental entrevistaban a un montón de señores que son los responsables de interpretarte. Ellos contaban su historia, que a su vez es la tuya. Ese momento en que sintieron (algunos literalmente) el llamado para ser Papá Noel. Y más allá de lo hermoso y reconfortante que me resultó ver todas sus historias, a la vez me puso un poco triste. Yo nunca voy a poder ser vos. Realmente me gustaría poder ser vos alguna vez, pero no me da el fisic du rol. Tal vez algún día pueda ser una duenda. Pero no creo que pueda aspirar a mucho más que eso.

Vos sos la Navidad. Y podrán decir que te inventó un señor de marketing de Coca-Cola o que representás el capitalismo. Pero para mí vos sos magia, sos mi abuela Juanita agarrándome fuerte la mano, mi mamá dejándome elegir creer en la ilusión, el amor de todo aquel que alguna vez me acompañó a verte y no me juzgó. Para mí vos sos todo lo que está bien. Sos la parte de mí que vale la  pena. La que baja la guardia y no tiene que responder con un chiste irónico. La que se permite hablar de igual a igual con cualquier niñx que se le cruza. Y por sobre todo, la que se permite no ser tan pesimista y creer que todo puede, aunque sea una vez al año, ser un poco mejor.