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Mariana Michi se crió en Saavedra, un barrio relativamente tranquilo en el norte de la ciudad de Buenos Aires, más allá de donde termina la línea de subte, justo dentro de los límites de lo que llamamos “Capital”. Es uno de casi 50 barrios que constituyen la ciudad capital y también, de casualidad, es el en que vivo yo actualmente.

Lo que separa la ciudad de Buenos Aires de la provincia de Buenos Aires, al menos en el este y el norte de la ciudad, es la General Paz, una autopista de 10 carriles que rodea parcialmente la ciudad, desde Villa Riachuelo en el sur hasta Nuñez y Saavedra en el norte. Es una de las pocas carreteras en Argentina que no tiene peajes, y lleva su nombre por José María Paz, un héroe de la guerra civil argentina que irónicamente tiene el apellido Paz. 

Y fue esta autopista la que entró en la “red de pensamientos” de Michi durante una meditación hace unos meses, abriendo el paso para la idea que se llevará a cabo el 17 de septiembre como La Paz Obligada: tanto un concierto virtual como una obra de arte cinemática y colaborativa. 

De niña, la General Paz representaba para Michi el límite entre lo conocido y lo desconocido; entre donde podía circular, y donde era prohibido. Al otro lado de la carretera había otro mundo, cargado de misterio, y la General Paz era su guardabarrera implacable. 

Pero ahora, la cruza todo el tiempo, sin siquiera pensarlo. (Bueno, “ahora” se refiere a un presente pre cuarentena; desde marzo se instalaron controles policiales en los puntos de tránsito entre Capital y Provincia, y hay que cargar un permiso para entrar o salir de la ciudad.) Con el paso de los años, y el cruzar a la adultez, la General Paz perdió mucho de su mística. Pero conserva su simbolismo, y le recuerda a Michi, entre otras cosas, cuánto nuestra percepción de los límites puede cambiar a través del tiempo. 

“Todxs tenemos esas cosas que nos acordamos de cuando eramos niñxs”, dice Michi, y pienso en el cartel de “pare” al final del cul-de-sac en los suburbios de Charlotte, Carolina del Norte, donde me crié yo. Parece un mundo aparte. 

Del pensar en La General Paz, sus pensamientos entonces se encaminaron hacia el pensar en la paz general (con tan solo un cambio en el orden de las palabras, en vez de una autopista nombrada por un general que se llama paz, ahora hablamos del concepto de la paz, en general). Y desde ahí, llegaron a La Paz Obligada

Cuando el gobierno argentino anunció el inicio de la cuarentena obligatoria el 20 de marzo, Buenos Aires se frenó por completo. Esa noche, la General Paz y la Paz General se volvieron una. Se podría haber atravesado los diez carriles caminando directo, sin siquiera mirar a ambos lados. 

Para Michi, la cuarentena ocasionó un cambio de ritmo bienvenido. Recuerda haberse sentido cubierta por una manta extraña de paz durante esas primeras semanas. Desde abril de 2018, el mes que marcó el lanzamiento de su disco debut solista, Cayó el valiente, su vida se había vuelto un torbellino de presentaciones en vivo. En 2019 ese mismo disco le otorgó reconocimiento como ganadora de La Bienal. Y además de la conmoción alrededor de su éxito emergente como solista, se mantenía ocupada con su participación en varios otros proyectos que también llamaron la atención ese año, tanto en la escena local como en el exterior. El grupo vocal jazzero Miau Trio sacó un sencillo en julio; Mugre, el supergroup punk-rock con Sofía Malagrino y Jazmín Esquivel, lanzó su disco debut en agosto (figuró en nuestra lista de mejores discos de 2019); y Ocho, el grupo experimental dirigido por Juan Belvis, sacó su segundo disco también en agosto de ’19.

Pero en marzo, un silencio (momentáneo) cayó sobre la escena. En cierto sentido, La Paz Obligada puede interpretarse como una referencia a la cuarentena misma, que nos obligó a todxs, nos guste o no, a tomarnos un descanso. Pero Michi hizo hincapié en la importancia de entender La Paz Obligada como un concepto multiplícito: tanto como se puede interpretar como referencia a la cuarentena, igual de fácilmente se puede interpretar de una cantidad infinita de maneras y a la vez evadir toda interpretación. Porque así funcionan las grandes obras de arte y las grandes imaginaciones, ¿no? Como dijo Michi, “no veo nada en blanco y negro”. 

Con las fechas en vivo descartadas, Michi (junto a todxs nuestrxs demás compañerxs en la escena de música local) se vio enfrentada con la pregunta: ¿Y ahora qué? Se puso a escuchar una y otra vez las canciones de los sets que estaba tocando en vivo en los meses anteriores a la cuarentena — una mezcla de canciones de Cayó el valiente y canciones de su aún no estrenado segundo disco solista, el cual dice que ya se encuentra en los procesos finales de producción. (A diferencia de su primer disco, que contó con el trabajo de varixs otrxs productorxs aparte de sí misma — incluyendo Lucy PatanéNahuel Briones y Juan Valente — el próximo produjo ella casi todo por su cuenta, solo tercerizando algunas tareas específicas aquí y allá.) Y ahí es cuando la idea de La Paz Obligada, la producción, empezó a tomar forma. 

Empezó a pensar en qué podría hacer, cómo podría ir entretejiendo aspectos de la producción, con quienes quería colaborar. No tenía un plan concreto cuando comenzó el proceso, pero pieza por pieza se fue acomodando. Empezó a contactarse con lxs musicxs que quería invitar a hacer features, y estaba extática al recibir respuestas positivas de artistas bien respetadxs que admira y que le han influenciado — incluyendo de la talla de Julieta Venegas y Loli Molina

Así que bueno, ¿qué tanto sabemos de La Paz Obligada, el evento virtual que saldrá al aire el 17 de septiembre? Michi fue cuidadosa en no revelar ningunos spoilers en nuestra entrevista. Sabemos que es musical y sabemos que es cinemático. Sabemos que Michi es la protagonista, y sabemos que cuenta con la participación (además de las artistas ya mencionadas) de Juana Aguirre (también conocida como Churupaca), Rocío Alí (bajista de Marilina Bertoldi), Carola Zaleschi (cuyo disco debut figuró en nuestra lista de lanzamientos locales preferidos de 2019), Lionel Padrevecchi (pianista), Sofía Malagrino (de Mugre y Ohdiosa, también invitada en el disco y fue baterista de la banda que presentó Cayó el valiente), Chipi (guitarra eléctrica en la banda de Michi), Iván Llave (bajo y sinte en la banda), y Tomás Villarrazo (sinte). Sabemos que se filmó en parte en Niceto Club. Y sabemos que es de alta fidelidad (filmado en 4K). Y las entradas están a la venta ahora, con precios que van desde un mínimo de 270 pesos hasta un máximo aporte opcional de 1.500 pesos. 

Es la paz. Es obligada. No nos queda otra. 

Nos reunimos con Mariana por videchat el viernes pasado. Yo había pasado una parte excesiva de la semana anterior a nuestra entrevista escuchando Cayó el valiente, on repeat y bien fumada. Escuché un poco de Miau Trio, escuché un poco de Ocho (no escuché Mugre porque ya había escuchado Gracias por cuidar el equipo unas mil y un veces), pero sobre todo escuché Cayó el valiente. Flashé sobre cuanto la guitarra en “Marino” me recordó al estilo de Loli Molina (y después tuve el momento de percatarme de que de hecho fue Loli quien tocaba en esa canción). Revisé los nombres incluidos en los créditos, me pregunté cómo serían las relaciones entre lxs artistas involucradxs.

Pensé en las letras y las relaciones entre las canciones. Me imaginé situaciones, y me pregunté sobre los catalizadores sentimentales detrás de las canciones. Me sentí absorbida en la mente de la cantautora, y vi muchos de mis propios pensamientos y emociones reflejados ahí. En un momento hasta agarré la guitarra y me puse a flashear una reversión de “No somos reyes”.

Cayó el valiente es un disco acuoso. En cierto sentido, la respuesta incontenible de la artista pisciana a su propia sed. Es sombra y calor, lluvia, lágrimas y truenos. Es vulnerable, sensual, doloroso y desgarradoramente hermoso. Que la autora había experimentado una separación, la disolución de una pareja romántica, me fue bastante obvio. Pero la historia que se cuenta no se ve atada a ese sentido materialista de la separación, el tipo que pasa entre dos personas. Habla no del ego herido o la mente angustiada en un vacío, sino como parte de un ecosistema de existencia y emoción, en el cual el cielo refleja los nubarrones del corazón, las lágrimas y la lluvia siguen los mismos patrones cayéndose al piso que un río que anhela al mar, que el helado compartido entre amantes en un día caluroso, que un humano que hace duelo y procesa el pasado desde el contexto de una nueva identidad. 

Se me ocurrió la idea de empezar la entrevista sacando una carta del mazo de tarot. Para mí, La Paz Obligada se sentía algo muy reminiscente del pensamiento esotérico, así que las cartas me parecían un marco apropiado desde el cual arrancar la conversación. Barajé el mazo y expliqué que la carta elegida podría representar cualquier cosa relacionada con este momento: la entrevista misma, la relación entre ella y yo; La Paz Obligada, y este momento en su carrera musical; este momento en su vida en general, o mi vida, o mi carrera musical, o este momento para La La Lista, o para la escena independiente de la música argentina, o por supuesto, el mundo en general.

Sacamos la torre. Es una carta misteriosa. Implica una liberación forzada. Una liberación obligada. Implica una ruptura de los patrones a los cuales nos hemos acostumbrado; una destrucción forzosa de los límites y las fronteras. Implica dejar atrás una construcción que hace tiempo nos alojaba, y empezar de cero, sin barreras, fuera de las fronteras que antes conocíamos. 

Hablamos de la naturaleza paradójica de La Paz Obligada. A través de la pantalla, podía sentir la pasión que tenía Michi por el concepto, y fue contagioso. Cuando lxs artistas se ponen a flashear con un concepto creativo, empezamos a ver todo a través del lente de ese concepto, aplicamos todo a esa idea — y fue evidente que Michi estaba bastante en esa. Expresó una especie de epifanía, un momento de “es esto!” dándose cuenta de cómo todo se podía encapsular increíblemente en esa frase. La Paz. Obligada. LA PAZ OBLIGADA. Como un mantra, una religión, una cosmovisión, unx diosx, un respiro, una forma de vivir, un título de un capítulo, un nuevo mundo. Me hice conversa. La Paz Obligada. 

Me habló de los bardos, un concepto budista que se refiere al estado intermedio. Los momentos entre la muerte y la reencarnación. En estado transitorio, como un limbo o purgatorio. Solemos pensar en el purgatorio como cargado de ansiedad y temor, pero ¿si no lo fuera? ¿Y si fuera, en cambio, un momento para reflexionar? La criatura mutante y sin forma dentro de su crisalis. ¿La calma en el ojo de la tormenta? La Paz Obligada. Le conté del Curso de Milagros

Concluí la entrevista preguntando a Mariana cuales consejos, sabidurías, mantras, etcétera, ofrecería a alguien que le ve como role model. (“o sea, alguien como…yo”, dije) “Bueno, primero”, dijo “no intentes impresionar a nadie. No lo hagas, no vale la pena.” Remarcó la importancia de los miedos. “Hay que enfrentarlos, no te queda otra”. E insistió que “no necesitás nada para ser musicx”. Nada de instrumentos lujosos ni equipos sofisticados, ningún título de conservatorio — solamente tus ideas, tu corazón y tu cuerpo son suficientes. “Musicalmente, trabajá lo que hacés bien, primero. Reconocé qué es lo que vos hacés bien y desarrollá eso, y después, ponete a trabajar las cosas que no hacés bien.” Sus consejos me parecieron astutos, y me quedé pensando en ellos. 

Hablamos un poco menos de una hora. Cuando terminamos la llamada, tuve un par de tareas muy claras por delante: volver a escuchar la entrevista y transcribirla, después traducirla en ingles, formatearla en WordPress, agregar unos links y contenido visual, y voila: mi entrevista con Mariana Michi sobre La Paz Obligada! Pero el universo tenía otros planes. 

La tecnología parece siempre fallarnos en los momentos más (in)oportunos. La grabación de pantalla se guardó, pero el audio no estaba. Sentí el corazón caerse a mis pies y la cara ardiente mientras miraba la boca de Mariana moviéndose sin sonido, tocando inútilmente el icono del parlante una y otra vez, legando al audio que… ¡que vuelva! Mientras tanto legando a mi mente que no se quede atascada loopeando el viejo favorito: “¿cómo puedes ser tan estúpida?” Frenéticamente buscaba soluciones en internet, en vano. Anoté todo lo que recordaba de la conversación que habíamos acabado de tener. Cerré los ojos, puse la mano sobre el corazón y me recordé que la paz es obligada. Decidí dormir una siesta para calmarme. Quizá la solución me llegaría en los sueños. 

Desperté con un mensaje de un amigo:  ¡feliz día! hoy es tu día, ¿sabías? Y un link a este artículo de Wikipedia. Sonreí. Pensé en las fronteras, las barreras y los límites, La general paz, la paz general – la torre. (¡La fucking torre, che!) Y La Paz Obligada, Todo tenía sentido y sabía que tenía que hacer. Así que empecé a construir una narrativa. Y esa narrativa termina acá. Ahre. En realidad, empieza acá. (Se te obliga a hacer clic.)